miércoles, 28 de enero de 2015

El idioma materno, de Fabio Morábito
por Jorge Fondebrider

Fabio Morábito
No siempre (o, más bien, casi nunca) los intereses de los escritores coinciden con los de las editoriales que contratan sus obras. Como es de dominio común, existen distintas formas de contrato: algunas contemplan todas las áreas donde se hable castellano; otras, una región de la lengua (España, o México y Centroamérica, o Sudamérica), o incluso un país. Está claro que un contrato por toda la lengua no es tan ventajoso para un escritor, sobre todo porque la editorial en cuestión no asegura la distribución en todos los países. De hecho, son muy pocas las casas editoriales que cumplen con ese compromiso. Por eso, en los últimos años algunos escritores han comenzado a rechazar los contratos globales y se han decidido por contratos individuales que les aseguren la posibilidad de mayores ingresos y, por supuesto, una mejor distribución. En este sentido los mexicanos Juan Villoro y Fabio Morábito son vanguardia. Uno y otro han parcelado la venta de sus derechos, buscando en cada país pequeñas y medianas editoriales prestigiosas que verdaderamente se ocupen de sus obras, haciéndolas llegar a todos los rincones de su geografía.

Éste es el caso de El idioma materno, el último libro de breves ensayos de Morábito, que a la fecha tiene una edición argentina (publicada por la editorial Gog & Magog), una edición mexicana (publicada por Sexto Piso) y una edición chilena (a cargo de Hueders).

Se trata de un libro compuesto por ochenta y cuatro textos, muchos de los cuales originariamente fueron publicados como columnas en la revista Ñ por entonces dirigida por Jorge Aulicino, cuya continuidad fue torpemente suspendida por Juan Bedoian.

Cada uno de esos textos se relaciona de alguna manera con la lengua, desplegando así un abanico de posibilidades. Entre ellas destacan el idioma materno, su aprendizaje, el aprendizaje de idiomas extranjeros, el plurilingüismo, la escritura, la lectura, la traducción, etc. 

Al igual que ocurre con su prosa narrativa (fundamentalmente, la de los cuentos) y su poesía, Morábito suele transitar una idea a la vez a la que nunca pierde de vista. La observa desde todos los ángulos posibles y acaba relacionándola con algo completamente ajeno que, sin embargo, termina por lograr una síntesis del todo apasionante. Y si bien cada texto es autónomo, el efecto acumulativo obra como una especie de poética o declaración de principios, siempre interesante, nunca monótona y, por cierto, muchas veces divertida.

En síntesis, se trata de un libro para leer de a sorbos, que, por su naturaleza fragmentaria, se adecua perfectamente a las posibilidades de lectura contemporánea; vale decir, a los tiempos muertos en la sala de espera de un dentista, a un viaje en subte o colectivo y a las de padres permanentemente interrumpidos por sus hijos.  

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