La tendencia materialista,
de Violeta Kesselman, Ana Mazzoni y Damián Selci
por Jorge Aulicino
La contemporaneità temporale del
trasumanar non è l' organizzar?
Pier Paolo Pasolini
![]() |
De izq. a der., Mazzoni, Kesselman y Selci |
La tendencia
materialista, de Violeta Kesselman, Ana Mazzoni y Damián Selci (Paradiso
Ediciones, Buenos Aires, 2012), es, antes que una "antología crítica de la
poesía de los 90" (en la
Argentina ), un pequeño manifiesto de lectura, que se basa en
la obra de siete poetas, agrupados en tres núcleos de "percepción":
la percepción cultural, la percepción política, la percepción
histórico-económica. Percepciones que se reúnen, y a veces se superponen, en la
"tendencia" perceptiva que da cuenta de la "época
reciente". Y no solo como un discurso más: según el prólogo de esta obra,
“algunas de las mejores ideas de esos años están escritas en verso".
Zdanov, por cierto, no hubiera llegado a tanto. La Academia de Ciencias de la URSS -si no directamente el
CC del PCUS-, lo habría lapidado. Sartre quizá se hubiese atrevido, remplazando
"verso" por "obras de literatura".
No se trata de que no
sólo siete sino tal vez veinte poetas podrían habitar los núcleos de percepción
enunciados en el libro. No se trata de los que "no están". Ni se
trata de que el principal fogonero de un estilo materialista de orden
realístico en los 90, y uno de los mejores poetas de la época, como Daniel
García Helder, esté excluido de la selección. Más bien se trata de cómo se
presentan los elegidos. Se trata de que éstos ejemplifican que la poesía no es
otra cosa que una lectura de la época, tanto más apreciable cuanto más lúcida
al respecto.
Arrinconado Ernesto
Sabato cierta vez por una pregunta acerca de la literatura como mera portadora
de ideas filosóficas, políticas y sociales, la defendió diciendo: "¡Pero y
qué queda de una obra literaria si usted saca de ella toda idea filosófica,
política o social! Haga la prueba de quitar esas ideas de cualquier obra, una
por una, y no le quedará nada". Es rigurosamente cierto, como hubiese dicho
el editor y poeta José Luis Mangieri, pero una pequeña objeción cabría
interponer: haga lo inverso y no necesariamente logrará una obra literaria. El
problema en el que se embarcó en el siglo XX la crítica marxista, incluso la de algunos Partidos
Comunistas, para distinguir lo específicamente estético en el texto
literario, lo tenemos resuelto -de nuevo al modo zdanoviano- en una breve
introducción a una limitada muestra de poesía, en el siglo XXI. Esto es,
mediante el recurso zdanoviano: lo que no va en el sentido de la historia,
sencillamente no cuenta. O dicho de otro modo, la poesía no es otra cosa que
una bien formulada crítica de la historia. Hay que reconocerlo: esto ya es algo
menos, y algo más, que mero realismo socialista. De todos modos, "eludir
la atemporalidad", como señala el prólogo, no es otra cosa que una
reformulación reduccionista de la propia doctrina realista de cuño marxista, ya
que ninguno como Marx hubiese aspirado a precisamente la
"atemporalidad" hegeliana de la idea consumada, es decir, la
revolución, ese especie de punto de densidad infinita en el que caducan todas
las leyes de la física; en nuestro caso, de la historia.
Marx hubiese visto en Zdanov cómo la
sustitución de lo hegelianamente productivo por la "realidad" había
devenido nuevamente ideología. Simplemente porque a un proceso, el realismo, se
la había agregado un adjetivo: socialista, en pendant con ese materialismo al que Engels le había adosado a su
vez un calificativo movilizador: dialéctico. Habrá que reconocer también que
los antólogos admiten que la percepción política de los 90 choca con la
realidad y se produce un "encuentro frustrado entre una percepción
política y un objeto renuente a la transformación positiva". Ese objeto
renuente al cambio “positivo” es, o parece ser, la sociedad inficionada de neo-liberalismo
y de ideas relativas al fin de los "grandes relatos" en los 90. Pero
vale la intención. Pues sería “positiva” –y no quisiera recordar el “héroe
positivo” del realismo socialista- cierta literatura que de ello deviene.
Más acabado se presenta
para los autores el discurso del poeta civil que anima el núcleo
socio-económico de la tendencia materialista. Allí los antólogos contemplan,
cabalmente realizada, la función de la poesía, especialmente en una época adversa
para el cambio social. Como si la crisis de 2001 en la Argentina hubiese sido
la crisis del capitalismo global, y como si un fenómeno local representase a la
sociedad entera del planeta, los autores de la antología creen percibir que no
todo está perdido a partir de entonces, y encuentran en un poeta, en uno solo,
Carlos Raimondi, la reorganización del discurso crítico, digamos,
"positivo". En un solo punto del planeta, y en una sola obra, la
totalidad cultural y las múltiples herencias recibidas por el pensamiento
marxista tienen finalmente expresión. Pues "Poesía civil [el libro de Raimondi] vuelve convergentes el legado
de la Ilustración
(en la medida en que prima la voluntad de conocimiento de la realidad), el
humanismo clásico (porque la cultura y la literatura son espacios donde se
solidifican las contradicciones de una sociedad) y el materialismo histórico
(en cuanto la economía política aparece como la clave de una comprensión
estricta de los procesos sociales)".
Está claro que la obra
de Raimondi, en el plano analógico de la poesía, remeda la estadística, la
economía y el discurso histórico, y que es este su más alto logro. De alguna
manera incluso es legítimo decir que Raimondi escribe en el vacío de la
economía clásica, y que (sólo analógicamente, mediante la mímesis de ese
discurso) abona el terreno de una crítica social y económica ausente, o
silenciada, o camuflada, o travestida. En ese sentido, también, Raimondi es un
poeta antiguo, un anacrónico consciente, un revolucionario (en tanto la
revolución juega hoy en el campo de la restauración). Pero queda claro que
Raimondi no escribe economía política, ni crítica social, y que su poesía
civil, que civilmente convoca los fantasmas de los antiguos pensadores
materialistas, hace su tarea en el terreno de la poesía, que es, precisamente,
el terreno de la analogía, de la retórica que evoca la falta, cualquiera sea la
dimensión que demos a esta palabra, tan connotada hacia la teoría lacaniana del
inconsciente.
Raimondi, y cualquiera
de los poetas de la "tendencia", como sus padres, tíos y abuelos,
ejerce el estilo, que es la maldición de la crítica literaria sociológica,
porque en él anida aquello que no es más que silencio y falta. Volvamos –vía
Lacan, quien nos ha salido al encuentro- a Freud, cuya idea de
"sublimación" ha sido puesta en cuestión a través de la crítica
ejercida al menos por dos autores de esta antología. Incluso Raimondi sublima,
en tanto la poesía renueva siempre el mecanismo sublimador que para el padre del
psicoanálisis formaba parte de la economía del espíritu humano, y de ningún
modo pertenecía a un mundo fenecido, romántico o espurio. Como la propia
ideología que Marx creyó podría ser abolida junto con los mitos, entre ellos,
uno que él mismo tradujo en términos propios: el del Juicio Final y el descenso
de la nueva Jerusalén: la Revolución
(es decir, el verdadero final, orgiástico, de la Historia , o al menos de
la historia como la conocemos hasta hoy). Marx no pensó, claro, eludiendo la idea de
"atemporalidad", sino todo lo contrario. El momento “a-histórico” de la revolución
reiniciaría la historia. Pero aquí se detiene Marx porque no es posible ver más
allá de ese momento. Como no es posible ver más allá del Big Bang.
Que el recorte de este
libro se opere sobre una cierta cantidad limitada de autores hace interesante
menos a los autores que al recorte en sí
mismo como sintomático de época. Implica asimismo la visión de un corte donde
no lo hay, pues los 90 fueron el fruto renovado de una tradición de los líricos
argentinos, no sólo en su variante realístico objetivista, sino en otras, no
mencionadas en el ensayo disperso en estas páginas: un neo-lirismo escasamente tenido en cuenta,
en general (y no sólo en esta antología) y la persistencia de una variante
tradicionalista, por ejemplo, que fueron
y son tensores interesantes hasta hoy y que dicen en sí mismos algo más rico
sobre los años recientes que la sola conciencia del medio en el que se escribe. La representación de la “percepción cultural”
es la más pobre, en el contexto de esta antología (la menos representada), dado
que la característica común a los 90
ha sido la de ofrecer una nueva visión de la cultura, en
directa relación con la definitiva incorporación de lo “bajo” en lo “alto”, con
una radicalidad que es casi fundante de un nuevo dialecto. Con el tiempo, quizá
de una nueva vulgari eloquentia. Las
posibilidades imaginativas abiertas por una cantidad variable de poetas no
incluidos en la selección de obras, y sin embargo mencionados en el ensayo, no
fueron tenidas en cuenta. Y tal vez la relación realidad-imaginación,
ficción-poesía que trabajaron esos poetas (más todos los incluidos en la
muestra, aunque de distinto modo) ha sido uno de los aspectos más interesantes
de los realísticos pero imaginativos 90.
No hay comentarios:
Publicar un comentario